- Por el Día Internacional de la Mujer, desde FIAPAS queremos visibilizar la realidad de las madres de niños y niñas con sordera, que afrontan importantes desafíos para compatibilizar el trabajo con los cuidados y el acompañamiento que requieren sus hijos e hijas.
El nacimiento de un hijo o hija supone siempre un punto de inflexión en la vida familiar. Un cambio profundo que obliga a reorganizar tiempos, prioridades y rutinas para lograr el equilibrio entre la vida personal y profesional. Pero cuando ese hijo o hija tiene una discapacidad, la conciliación pasa a convertirse, en muchas ocasiones, en un verdadero ejercicio diario de adaptación y esfuerzo.
Con motivo del Día Internacional de la Mujer, desde FIAPAS queremos visibilizar la importante labor de las madres, que a día de hoy siguen siendo las principales responsables de la carga adicional que supone la presencia de una discapacidad, en nuestro caso, auditiva en la familia. Mujeres que han de sortear muchos obstáculos para poder compatibilizar en su día a día trabajo y cuidados, con todo el esfuerzo que ello requiere y que afrontan barreras organizativas, laborales y sociales para poder garantizar el cuidado, el acompañamiento y el desarrollo de sus hijos e hijas.
María López, madre de un niño con sordera bilateral profunda, usuario de implante coclear, comparte en primera persona cómo cambió su vida tras el diagnóstico: “Conocer la sordera de mi hijo fue una carrera hacia lo desconocido. A nivel de organización familiar, asumir el cuidado de un niño con discapacidad auditiva no solo es tiempo, sino también cansancio y falta de conocimiento, además de un aprendizaje continuo, al que hay que sumar también la carga laboral”.
En este escenario, la conciliación real depende en gran medida de la flexibilidad, no solo dentro del ámbito laboral, sino también del funcionamiento de los propios servicios públicos y recursos de atención. Como explica María, “flexibilidad no solo es la duración del permiso de maternidad, sino poder disponer de tiempo cuando el niño necesita cuidados por enfermedad o por acompañamientos médicos, situaciones en las que delegar en los abuelos no es la solución. Para conciliar no se debe adaptar solo el entorno laboral, sino todo el sistema como pediatría, consultas con los especialistas, centro base, Seguridad Social o reuniones del colegio. Todas estas actividades, en mi caso, son en horario de mañana, al igual que mi jornada laboral”.
Aunque María se siente afortunada en su puesto de trabajo actual, reclama políticas públicas de conciliación, sobre todo para los primeros años de vida en los que “el trabajo intenso de logopedas, profesionales y familias requiere de más tiempos y recursos”.
Aunque se van produciendo avances en la corresponsabilidad familiar, la conciliación efectiva para las madres de niños y niñas con sordera continúa siendo un desafío pendiente. Una realidad que exige medidas estructurales, comprensión social y políticas que tengan en cuenta las necesidades reales de las familias.
Porque, como concluye María con una idea tan sencilla como contundente: “estar es lo más importante”.


